“A un pasajero le cobraron una vez $3,000 por té y galletas en un jet privado.”
La historia suele contarse así: un cliente pide té y galletas en un salto corto, la tripulación lo encarga a través del socio de catering del FBO, y la línea correspondiente en la factura del viaje es una suma de cuatro cifras. La gente del sector la repite como lección sobre los precios de la aviación privada, y los de fuera como prueba de su absurdo.
Por qué es plausible: el catering en un vuelo privado raramente es solo la comida. Los proveedores añaden cargos por entrega en zona restringida, tasas de acceso al aeropuerto, tasas de handling, embalaje, umbrales de pedido mínimo y un margen de servicio, y luego el operador o el bróker pueden añadir su propio porcentaje. Los pedidos pequeños son los más castigados, porque las tasas fijas no se encogen. Existen casos documentados de una sola caja con un sándwich que superó los $175 una vez sumado todo eso.
Por qué no está verificada: nunca ha aparecido un cliente, operador, aeropuerto o fecha con nombre, la cifra cambia con cada versión, y 'té y galletas' resulta sospechosamente perfecto como ilustración del argumento. Buscamos y solo encontramos a gente citando a otra gente.
Si tienes la factura, nos encantaría verla.
Fuentes: forbes.com